lunes, 18 de marzo de 2013

Habemus Notam .-

El blog me necesitaba, me llamaba desesperado, pidiendo una actualización, una renovación. Pero no siempre es posible sentarse, liberar la mente y escribir sin motivo alguno. Hay veces que hay que esperar a tener un cierto motivo para hacerlo, o tan solo que la inspiración se apiade de mi cuerpo. En este caso, las ganas estaban, pero no había encontrado un motivo realmente importante para hacerlo. Los que me leen siempre, saben que mis notas tratan de hacerlos pensar, de dejarles una reflexión al final de cada nota, para después, en fresco, poder analizar y sacar el jugo al texto. Fue entonces hasta unos días atrás, que sucedió un hecho histórico para la comunidad católica y para todo el pueblo argentino, el cardenal Bergoglio fue elegido Papa, bajo el nombre de Francisco I. Dicho acontecimiento, que se produjo el pasado miércoles 13 de marzo, situó en mi muchas más sensaciones de las que podría haber llegado a imaginar. Durante toda la previa y el cónclave, la posibilidad de que haya un Papa argentino se veían disminuidas día tras día, o al menos así lo sentía yo. Convengamos que tampoco me había adentrado mucho en el tema y manejaba la información que rondaba por algunos medios y por internet, pero muy por arriba. A pesar de esto, la ilusión siempre se mantuvo firme y las esperanzas no se perdieron. El momento en que se comunicó que se había logrado la mayoría de votos y que un nuevo Papa había sido elegido fue tranquilizador. La televisión mostraba como título 'Habemus Papam' y de fondo el balcón, ansiando la salida del nuevo Sumo Pontífice. Hasta entonces, me mantuve calmo, esperando escuchar el nombre del Cardenal italiano o tal vez del cardenal de Ghana, pero no fue así. Sentado en la cama, veo que se abre el balcón y comienzan las palabras en italiano. Por suerte algo entendía, ya que el año pasado comencé mis estudios del idioma y se me facilitó, pero no fue hasta que escuche el nombre del cardenal elegido, que la exaltación, con una mezcla de incertidumbre(al principio pensé que era un chiste o que había escuchado mal) se hizo presente en mi. Era real, el cardenal Bergoglio había sido elegido Papa. Si, un argentino, uno de mi tierra, de mi querida patria, representando a miles de católicos. Otra vez, nuestro país en lo más alto del podio. Otra vez, un argentino "campeón", así como lo habían sido Monzón, Fangio, Vilas, Maradona, Crismanich, Ginobili, entre tantos otros. Otra vez, nuestro país reconocido mundialmente por estar en la cima. La primera pregunta que se me vino a la cabeza fue: ¿Y ahora quien nos baja de esto? Los argentinos nos destacamos por nuestro orgullo, nos identificamos por sentirnos más que los demás, por creer que no hay forma de que seamos derrotados, no al menos dos veces seguidas. Y era cierto, la gente en las redes sociales aparecía regocijándose por el triunfo, cual campeonato del mundo, festejando una victoria más para el pueblo, perdón, el Gran Pueblo Argentino. Un sentimiento de victoria me llenó el cuerpo a mi también, imposible negarlo, pero por suerte, al empezar a conocer más sobre Francisco I, muchos más sentimientos afloraron en mi, y al momento de escribir la nota, sigue sucediendo. Porque más allá de que sea un Papa argentino, me siento lleno de esperanza. Ya varios años atrás mi relación con la Iglesia no es la misma que tenía cuando me confirmé. Pero hoy puedo decir, que tengo fe en Francisco I, hoy más que nunca creo que los cambios van a comenzar. Su paz al hablar es algo que me calma, su sencillez me hace repensar en mis conductas y su austeridad, me da la esperanza de que de una vez por todas la Iglesia comience a actuar en base a lo que predica. Así me siento hoy, renovado y con esperanza, de que además de que esto ayude a todo el mundo, siendo un poco egoísta tal vez, realmente espero que nos ayude a nosotros. A un pueblo que cada vez más se encuentra dividido, en el cual el odio es el primer sentimiento que aflora, en donde la desigualdad es vista con naturalidad. Creo, y espero que sea así, que esto sucedió por algo bueno, y se va a comenzar a notar dentro de poco. Esperemos que esto sea algo para unir a todos los argentinos en pos de algo mejor. Es necesario aprovechar esta oportunidad y agradecer que Dios, esta vez, le echó un ojo a Argentina y a Latinoamérica para demostrarles que no se olvida de nadie.

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