martes, 11 de septiembre de 2012

La rutina como principal sospechosa...

De fondo mi nuevo héroe musical, el Uruguayo Martín Buscaglia y de frente mi netbook. Hoy decidí tomar como tópico alguien que irrumpe en la vida de todas las personas aunque intentemos evitarla continuamente, y como se habrán dado cuenta con el nombre, este personaje, atrevido y perspicaz es la rutina. Una rutina diaria, incansable, irrepetible y a la vez igual día tras día. Y así, siendo repetida constantemente, pero a su vez intermitente, nos marca toda la semana. Infaltable en la queja de todo ser humano, se dispone a marcar el ritmo de todas las personas, de todo estilo de vida inmersa en el sistema. Aunque intentemos a veces salirnos de ella y queramos evitarla por completo, es algo con lo cual debemos sobrellevar. Algo que nos podría dar un indicio de que esto es posible, de que podemos esquivar la frenética marcha de la rutina es la ya gastada frase "Carpe Diem", es decir, vive el día a día. Llevar a cabo esta filosofía, por así decirlo, nos puede dar la verdadera chance de quebrantar esta ley incansable que desgasta a la gran mayoría. Salir a la calle con una sonrisa, tener la fe de que este día no sera igual a todos los demás, que alguna sorpresa nos encontrará a la vuelta de la esquina, aunque no nos demos cuenta, pequeñísimos detalles nos pueden cambiar la rutina diaria. Llegar a la parada y que el bondi esté a media cuadra, encontrarte plata en la calle, el jefe que se va y te libera media hora antes, el profesor que termina rápido la clase, tu plato favorito en el menú del día del restaurante donde almorzas, levantarte 10 minutos más temprano y poder desayunar tranquilo, entre otros ejemplos, nos pueden dar una oportunidad de afrontar diferente el día, y así poder darle la vuelta a la cansadora rutina. Volverte caminando a tu casa, escuchar una radio nueva, salir a correr después de tantos amagues. Mínimas decisiones pueden ayudarnos a darnos un respiro y cambiar el agitado ritmo de la rutina diaria. Solo hay que saber aprovechar esas pequeñas oportunidades y no tener miedo de cambiar las cosas por un día, un pequeño reajuste de alguna cosa nos puede ayudar a poder sobrellevar la cotidianidad de la vida. Sin estas pequeñas cosas, sin los pequeños cambios y sin las sorpresas que nos presenta la vida diariamente, es decir, sin apreciarlo, caemos indefectiblemente en un asesinato, lento y doloroso. En el cual nos vamos asfixiando poco a poco, ahogándonos sin poder salir a flote a respirar un poco de aire y a ver el sol brillar. Y cayendo en esto es donde más nos perjudicamos y nos hundimos sin poder resurgir. Esta muerte diaria, donde el día a día nos consume y nos lleva a salir a la calle cansados de lo mismo, hartos de tener que repetir nuestras vidas. Y sinceramente, creo en mi humilde opinión, luego de recabar los datos, que la rutina es la principal sospechosa...

lunes, 25 de junio de 2012

Del mismo dolor, vendrá un nuevo amanecer .-

Sentía que para poder ingresar nuevos conocimientos a mi cabeza, primero debía liberarla de otras cosas que andaban dando vueltas por ahí hace un tiempo. Ya hace demasiado que no escribía ni una palabra, salvo algún que otro papel por ahí, pero no hacia una nota ya hace rato. No se si la alteración de mi cabeza realmente interfería con mi estudio, o era algo psicológico que había impuesto yo, inconscientemente. Lo que si se, y de lo que estoy seguro, es que de algo debo desprenderme y la única forma en la que lo encuentro posible es escribiendo. Tal vez no sea algo material, ni algo físico, tal vez sea algo solo imperceptible, y que solo yo me daré cuenta cuando se haya ido. No se si es una culpa, un deseo o quizás una añoranza, pero sea lo que sea, debo permitir que se desprenda de mi. Parado en un momento de mi vida que no es la mitad, pero no es el principio. Un momento el cual atravesarlo es mas difícil que otros, en mi opinión, porque es el momento en donde mas solo uno puede llegar a sentirse, y donde los golpes llegan a doler el doble que en otros momentos, donde las curas cuestan conseguirlas más pronto y donde los resultados pueden llegar a tardar más de lo que uno está dispuesto a esperar. Todo cuesta. Los logros son solo propios, pero las caídas también. Levantarse es un reto constante y cada vez uno se siente más cansado para hacerlo. Y en esos momentos difíciles es cuando más solo nos sentimos, y comenzamos a replantearnos todo, nuestra vida, nuestro futuro, nuestro pasado, nuestras decisiones y acciones. Vemos para adelante, y esta todo nublado, no se ve claramente más que un par de metros, y nos entra la duda al cuerpo de si seguir será lo correcto, o si la ruta es la que nos llevara a destino, o si el destino a donde estamos yendo es el correcto. Para seguir es necesario tener en claro algo, y es a donde estamos yendo. No importa por donde, ni como. La ruta solo es un medio, pero lo que anhelamos alcanzar va más allá de la vía que escojamos para llegar. Hay miles de caminos, y las decisiones que tomemos y las situaciones que vivamos en el transcurso nos van a ir llevando por distintos caminos, cada uno diferente del otro, pero que siempre llegan al mismo lugar. Tal vez alguno nos tome mas tiempo que otro, pero llegar se llega. Si perdemos de vista en algún momento el lugar a donde estamos yendo, tenemos que seguir, como sea, pero seguir, por mas duro que se ponga el camino, hay que continuar, siempre y cuando el destino sea el adecuado. Es verdad, no hay forma de saberlo de antemano si lo que hemos elegido es lo correcto, y tampoco vamos a tener la certeza en el momento en que hayamos arribado que la decisión fue la correcta, pero de algo tenemos que estar seguros, que ese punto al que arribamos, fue porque había una fuerza interior que nos llamaba, un fuego que nos quemaba y que nos hizo elegir ese destino. El sueño de llegar al final del camino y obtener lo que tanto buscamos, nos va a dar las satisfacciones que se nos negaron a lo largo del viaje. Fijada la meta, tomar el camino es simple, pero el transcurso se pone complicado de a ratos. Lo importante es no bajar los brazos y a pesar de sentirse solo, es necesario mirar alrededor para darse cuenta que uno esta equivocado. Por ahí la familia este lejos, pero hay gente que va a estar para apoyarte y para darte ese empujón, para levantarte cada vez que te caigas. Amigos, compañeros o colegas, siempre van a estar aunque uno no lo vea. Tal vez era eso, caí en un bache, y todavía me cuesta ver la salida. Puede que este atravesando un túnel, y no logre visualizar la luz al otro lado. Pero algo esta claro, que el final del camino es el correcto. Y es por eso por lo que decido continuar este viaje, y me propongo abrir los ojos para reconocer a los que están a mi alrededor, y para recibir las fuerzas que llegan desde lejos. Porque así es la única forma de continuar, de levantar cabeza y no dejar de lucharla. Y así entiendo de lo que me despego hoy, de eso que tanto asusta a uno, que es el MIEDO . Miedo a seguir, a levantarse. Miedo que provoca replanteos, que hace que uno mire atrás, que la dude, que piense que no puede lograrlo. Miedo que achica a cualquiera y que produce estragos cuando uno ya se encuentra débil. Pero que uno al abrir los ojos, puede lograr ver más allá, puede darse cuenta que es algo pasajero y que esta bien tenerlo en algún momento, para lograr juntar las fuerzas necesarias para superarlo. Por último dejo una frase de la película El Diario de la Princesa: "La valentía no es la ausencia del miedo, sino el conocimiento de que existe algo más importante que el miedo. El valiente no vive para siempre, pero el cauteloso no vive en absoluto."